Segunda parte:
Tras esta introducción solemne, la danza evoluciona a una segunda parte más dinámica, marcada por el «picao», un cambio rítmico hacia un compás más vivo y alegre. En el cual, los bailadores abandonan los palos largos y adoptan las castañuelas como principal elemento rítmico.
Esta jota ha perdurado como un testimonio de la riqueza cultural del Valle de Tena, celebrando tanto sus raíces tradicionales como su capacidad de adaptación y evolución.