Proviene, como su nombre indica, de la localidad turolense de Calanda y se puede decir que la popularizan los hermanos Berge, Miguel y Dolores, apodados «los Polinarios». Su buena planta y su elegancia, particularmente de Miguel, fueron sus notas esenciales.
D. Demetrio Galán Bergua, gran estudioso de nuestro folclore, decía que esta jota se diferenciaba de las demás por el balanceo de los brazos, el tempo lento, el movimiento del cuerpo y de las extremidades, el modo de marcar los punteados, la originalidad de ciertos pasos como el denominado muñecas, y la marcada elegancia en algunas fases. La planta del pie va pegada al suelo durante la mayor parte de la jota y la postura de brazos originariamente es un brazo en alto sin sobrepasar la cabeza y el otro a la altura del vientre.
Aprendimos la Jota de Calanda a finales de los años 70 en la Escuela Municipal de Jota de la mano de sus profesores Andrés Cester y Angelita Vidal. Allí la bailábamos con los brazos más caídos (como se hacía antiguamente) y es ésta la diferencia más significativa con el baile actual.
Es de las jotas que menos variaciones de pasos ha sufrido a lo largo del tiempo y de las más galardonadas en Certámenes de Jota.
Existen variantes de esta versión: con tres arrastrados en lugar de cinco, con rodado completo (extra I) , con desplante levantado en el último paso (extra II), etc.